OBSTÁCULO 1
Como bautistas españoles hemos sido
negligentes a la hora de cuidar de nuestra salud y bienestar espiritual.
Nosotros, como siervos de Dios y como
iglesias, hemos sido negligentes al cuidar de nuestro primer amor, Jesucristo,
y como consecuencia de nuestras iglesias. Hemos olvidado nuestra salud
espiritual y no hemos estado sirviendo adecuadamente a Dios, descuidando
nuestra relación con Jesús. Debemos retomar aquellas dinámicas bíblicas saludables
para poder comenzar cuidando de nosotros mismos mental, física, emocional y
espiritualmente con el objetivo de restablecer nuestra identidad en Cristo.
Debemos volver a nuestro primer amor, Jesús, y a su primer amor, su iglesia.
OBSTÁCULO 2
Hemos creado estructuras eclesiales
que impiden el cambio necesario.
Las estructuras eclesiales actuales son a
menudo inflexibles, impidiendo a los líderes emergentes ser escuchados y lograr
la confianza de la iglesia. Nuestras estructuras suelen ahuyentar nuevas ideas
y nuevos líderes jóvenes forzando la conformidad, y en ocasiones ralentizan
considerablemente su trabajo y creatividad a causa de estructuras y sistemas
anquilosados. La desconfianza, la falta de comunicación y las prácticas poco
saludables han copado el interés de los equipos de liderazgo y los modelos de
gobierno eclesial, distrayéndolos de mantenerse unidos en la misión.
Necesitamos dar cauce a formas de cambio que se plasmen rápidamente, fomentando
una cultura de iglesia de libertad, empoderamiento y confianza que nos permita
ser flexibles, sin renunciar a lo esencial, y tener capacidad de adaptación a
los tiempos que nos tocan vivir.
OBSTÁCULO 3
No nos hemos implicado de manera
óptima en los asuntos significativos de nuestros tiempos.
Como iglesias en España, durante mucho
tiempo hemos sido poco efectivos a la hora de implicarnos en asuntos culturales
de importancia. No hemos querido involucrarnos o hemos fallado en ello desde la
fidelidad bíblica y la sensibilidad cultural. Nuestro error a la hora de
encarar estos asuntos de importancia también ha llevado a un gran número de
jóvenes a concluir que somos ignorantes, que nos mostramos apáticos o
prejuiciosos en cuanto a estos asuntos que les interesan. No hemos sido modelos
para ellos en cuanto a cómo vivir en un mundo complejo y multiconfesional. Algunos
ejemplos de asuntos de actualidad acuciantes que la iglesia necesita tratar son
la identidad sexual, la justicia social y los nuevos modelos de familia.
OBSTÁCULO 4
No hemos cultivado efectivamente las
relaciones intergeneracionales.
La generación más joven se siente
desconectada de sus mayores. Están hambrientos de relaciones con personas
adultas que aman a Jesús y que creen en ellos. Están deseosos de ver a sus
padres viviendo una fe más allá de la mañana del domingo, y de comprobar que
sus mentores cristianos quieren caminar de verdad con ellos a través de las
complejidades de la vida. Nuestras iglesias necesitan ser comunidades en las que
se invierte tiempo, recursos y energías en las vidas de la generación más joven
a través de relaciones de cuidado mutuo, del servicio conjunto y del fomento de
oportunidades de crear tutorías y liderazgos multigeneracionales. Los cultos de
adoración dominicales deben proveer de una ocasión inmejorable para valorar y
celebrar todas las edades, reconociendo que los adolescentes necesitan
especialmente un lugar al que pertenecer dentro de la familia de la iglesia
durante los momentos unidos de adoración.
OBSTÁCULO 5
Hemos empleado un discipulado que
falla a nuestra gente joven.
Continuamos usando un modelo de
discipulado en nuestras iglesias, a menudo enfocado más en la modificación de
conducta de la juventud, que en la transformación espiritual profunda de sus
vidas. De manera particular, esta generación más joven se hace la siguiente
pregunta: “¿La fe funciona? ¿Marca alguna diferencia en mi vida, mis
decisiones, mi familia, la iglesia, mi comunidad, mi mundo?” No podemos separar
evangelismo de discipulado. Juntos necesitamos invitar a la juventud a
encontrar al Dios vivo, permitiéndoles ver la transformación real que Él puede
traer a sus vidas y comunidades. Debemos pintar un cuadro claro del alto
llamamiento que significa seguir a Jesús de manera fiel en el mundo actual.
Nosotros, la iglesia, necesitamos ayudar a esta nueva generación a conectar lo
que escuchan el domingo con lo que leen en sus biblias los otros seis días de
la semana, y eso es posible a través de una fe vibrante que les permita navegar
sin naufragar por los aspectos complejos de nuestra realidad social y cultural.

OBSTÁCULO 6
Hemos subestimado el poder
transformador de Dios.
Hemos dejado de confiar en el poder
formidable y sobrenatural de Dios por medio de la obra y guía del Espíritu
Santo, y vergonzosamente, hemos ignorado el impacto del evangelio en el alma
humana. Necesitamos ahondar en las profundidades de nuestro entendimiento del evangelio
para poder predicarlo clara y simplemente a esta nueva generación. Reclamemos
España como campo misionero, demostrándolo en palabra, obra y evidencia de que
el Reino de Dios se ha acercado a nosotros. Mientras hacemos esto, hemos de
confiar en el poder de Dios para transformar vidas y comunidades.
OBSTÁCULO 7
Hemos introducido una cultura de
consumismo en nuestras comunidades.
Nosotros, como iglesias, hemos errado al
modelo de los valores del Reino de Dios de compasión y generosidad de un modo
que contrasta con la inmersión social en el consumismo y el individualismo.
Necesitamos seguir los ejemplos bíblicos de la iglesia primitiva y asumir así
una cultura de dependencia común. Esta nueva generación quiere ver una fe
vivida en las necesidades de la comunidad: llevando las cargas mutuamente,
mitigando las necesidades a través de la correcta y desprendida mayordomía de
nuestros recursos, dando sacrificialmente, acogiendo al extranjero y al
inmigrante, y cuidando de nuestro prójimo menesteroso.