lunes, 12 de junio de 2017

SIETE OBSTÁCULOS QUE NOS IMPIDEN ALCANZAR A LA GENERACIÓN SIGUIENTE CON EL EVANGELIO DE JESUCRISTO





OBSTÁCULO 1

Como bautistas españoles hemos sido negligentes a la hora de cuidar de nuestra salud y bienestar espiritual.

       Nosotros, como siervos de Dios y como iglesias, hemos sido negligentes al cuidar de nuestro primer amor, Jesucristo, y como consecuencia de nuestras iglesias. Hemos olvidado nuestra salud espiritual y no hemos estado sirviendo adecuadamente a Dios, descuidando nuestra relación con Jesús. Debemos retomar aquellas dinámicas bíblicas saludables para poder comenzar cuidando de nosotros mismos mental, física, emocional y espiritualmente con el objetivo de restablecer nuestra identidad en Cristo. Debemos volver a nuestro primer amor, Jesús, y a su primer amor, su iglesia.




OBSTÁCULO 2

Hemos creado estructuras eclesiales que impiden el cambio necesario.

      Las estructuras eclesiales actuales son a menudo inflexibles, impidiendo a los líderes emergentes ser escuchados y lograr la confianza de la iglesia. Nuestras estructuras suelen ahuyentar nuevas ideas y nuevos líderes jóvenes forzando la conformidad, y en ocasiones ralentizan considerablemente su trabajo y creatividad a causa de estructuras y sistemas anquilosados. La desconfianza, la falta de comunicación y las prácticas poco saludables han copado el interés de los equipos de liderazgo y los modelos de gobierno eclesial, distrayéndolos de mantenerse unidos en la misión. Necesitamos dar cauce a formas de cambio que se plasmen rápidamente, fomentando una cultura de iglesia de libertad, empoderamiento y confianza que nos permita ser flexibles, sin renunciar a lo esencial, y tener capacidad de adaptación a los tiempos que nos tocan vivir.




OBSTÁCULO 3

No nos hemos implicado de manera óptima en los asuntos significativos de nuestros tiempos.

      Como iglesias en España, durante mucho tiempo hemos sido poco efectivos a la hora de implicarnos en asuntos culturales de importancia. No hemos querido involucrarnos o hemos fallado en ello desde la fidelidad bíblica y la sensibilidad cultural. Nuestro error a la hora de encarar estos asuntos de importancia también ha llevado a un gran número de jóvenes a concluir que somos ignorantes, que nos mostramos apáticos o prejuiciosos en cuanto a estos asuntos que les interesan. No hemos sido modelos para ellos en cuanto a cómo vivir en un mundo complejo y multiconfesional. Algunos ejemplos de asuntos de actualidad acuciantes que la iglesia necesita tratar son la identidad sexual, la justicia social y los nuevos modelos de familia.




OBSTÁCULO 4

No hemos cultivado efectivamente las relaciones intergeneracionales.

     La generación más joven se siente desconectada de sus mayores. Están hambrientos de relaciones con personas adultas que aman a Jesús y que creen en ellos. Están deseosos de ver a sus padres viviendo una fe más allá de la mañana del domingo, y de comprobar que sus mentores cristianos quieren caminar de verdad con ellos a través de las complejidades de la vida. Nuestras iglesias necesitan ser comunidades en las que se invierte tiempo, recursos y energías en las vidas de la generación más joven a través de relaciones de cuidado mutuo, del servicio conjunto y del fomento de oportunidades de crear tutorías y liderazgos multigeneracionales. Los cultos de adoración dominicales deben proveer de una ocasión inmejorable para valorar y celebrar todas las edades, reconociendo que los adolescentes necesitan especialmente un lugar al que pertenecer dentro de la familia de la iglesia durante los momentos unidos de adoración.




OBSTÁCULO 5

Hemos empleado un discipulado que falla a nuestra gente joven.

     Continuamos usando un modelo de discipulado en nuestras iglesias, a menudo enfocado más en la modificación de conducta de la juventud, que en la transformación espiritual profunda de sus vidas. De manera particular, esta generación más joven se hace la siguiente pregunta: “¿La fe funciona? ¿Marca alguna diferencia en mi vida, mis decisiones, mi familia, la iglesia, mi comunidad, mi mundo?” No podemos separar evangelismo de discipulado. Juntos necesitamos invitar a la juventud a encontrar al Dios vivo, permitiéndoles ver la transformación real que Él puede traer a sus vidas y comunidades. Debemos pintar un cuadro claro del alto llamamiento que significa seguir a Jesús de manera fiel en el mundo actual. Nosotros, la iglesia, necesitamos ayudar a esta nueva generación a conectar lo que escuchan el domingo con lo que leen en sus biblias los otros seis días de la semana, y eso es posible a través de una fe vibrante que les permita navegar sin naufragar por los aspectos complejos de nuestra realidad social y cultural.




OBSTÁCULO 6

Hemos subestimado el poder transformador de Dios.

      Hemos dejado de confiar en el poder formidable y sobrenatural de Dios por medio de la obra y guía del Espíritu Santo, y vergonzosamente, hemos ignorado el impacto del evangelio en el alma humana. Necesitamos ahondar en las profundidades de nuestro entendimiento del evangelio para poder predicarlo clara y simplemente a esta nueva generación. Reclamemos España como campo misionero, demostrándolo en palabra, obra y evidencia de que el Reino de Dios se ha acercado a nosotros. Mientras hacemos esto, hemos de confiar en el poder de Dios para transformar vidas y comunidades.




OBSTÁCULO 7

Hemos introducido una cultura de consumismo en nuestras comunidades.

      Nosotros, como iglesias, hemos errado al modelo de los valores del Reino de Dios de compasión y generosidad de un modo que contrasta con la inmersión social en el consumismo y el individualismo. Necesitamos seguir los ejemplos bíblicos de la iglesia primitiva y asumir así una cultura de dependencia común. Esta nueva generación quiere ver una fe vivida en las necesidades de la comunidad: llevando las cargas mutuamente, mitigando las necesidades a través de la correcta y desprendida mayordomía de nuestros recursos, dando sacrificialmente, acogiendo al extranjero y al inmigrante, y cuidando de nuestro prójimo menesteroso.

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