“Nadie tiene
mayor amor que este, que ponga su vida por sus amigos.” Juan 15:13
Si alguna vez necesitas un recordatorio de
lo mucho que te ama Dios y de que ha sacrificado a su Hijo por ti, esta
historia será un gran recordatorio.
Después de unos cuantos himnos, el pastor
se levantó e introdujo al predicador invitado. Tras la presentación, un hombre
anciano subió al púlpito para hablar.
“Tres personas subieron a una barca: un
padre, su hijo y el amigo del hijo. Estaban navegando por la costa del Pacífico”,
comenzó diciendo, “cuando una tormenta súbita impidió cualquier intento de
arribar a la costa. Las olas eran tan altas que incluso el padre, que era un
marinero consumado, no pudo mantener la barca a flote, y los tres fueron
escupidos de la barca al océano.”
El anciano se detuvo por un instante,
manteniendo contacto visual con dos jóvenes que parecían estar interesados en
la historia. Continuó: “Tomando un salvavidas, el padre tenía que tomar la decisión
más despiadada de su vida. ¿A qué chico debería lanzar el salvavidas? Solo
tenía segundos para tomar la decisión. El padre sabía que su hijo era
cristiano, y también sabía que el amigo de su hijo no lo era. La agonía de su
decisión no podía ser mitigada por el torrente de olas. Mientras el padre
gritaba “¡Te quiero, hijo!”, lanzó el salvavidas al amigo de su hijo. Justo
cuando ayudaba al amigo a regresar a la barca volcada, su hijo desaparecía más
allá de los rugientes torbellinos de agua salada en la oscura noche. Su cuerpo
nunca fue recuperado.”
En ese momento, los dos jóvenes estaban
sentados al borde del banco, esperando las siguientes palabras que brotasen de
la boca del anciano. “El padre”, continuó, “sabía que su hijo entraría en la
eternidad con Jesús. No podía soportar el pensamiento de que el amigo de su
hijo pasara toda la eternidad en el infierno. Por tanto, sacrificó a su propio
hijo. ¡Cuán grande es el amor de Dios, que hizo exactamente lo mismo por
nosotros!”
Con esto, el anciano se bajó del púlpito y
se sentó en su silla mientras el silencio llenaba el templo. Después de que el
culto terminase, los dos jóvenes se pusieron al lado del anciano. “Fue una bonita
historia”, comenzó educadamente uno de los jóvenes, “pero no creo que sea
realista para un padre abandonar la vida de su hijo con la esperanza de que el
otro chico se convirtiese en cristiano.”
“Bueno, eso que dices es interesante”,
replicó el anciano, aferrándose a su vieja Biblia. Una gran sonrisa se abrió
paso en su rostro, y de nuevo miró a los jóvenes y dijo: “Es cierto que parece
muy poco realista, ¿verdad? Pero hoy estoy aquí para deciros que esta historia
me ofrece un vistazo de lo que habrá sido para Dios haber entregado a su Hijo
por mí. Veréis… Yo era el amigo del hijo cuyo padre me lanzó el salvavidas.”
PROFUNDIZANDO
1. El incondicional y sacrificado amor
de Dios es tremendamente evidente en la historia y en Juan 15:13. ¿Cómo puede
este recordatorio ayudarte a caminar como cristiano hoy?
2. Imagínate a ti mismo estando en el
lugar del padre en esta historia y en el de nuestro Padre celestial en la
Biblia. ¿Cómo te sentirías si tuvieses que sacrificar tu propio hijo para que
otra persona pudiese sobrevivir?

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